Relato Breve – El León Abstracto


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Hoy fue un día de visita, y compartimos un rato juntos, de juego. Formamos palabras, así, con tus dos nombres de pila y tu apellido. Yo agregué la palabra “miedo”, y así, fuimos armando otras relaciones a eso: “solo”, “araña”, y otras que nos dejaron armar las letras remanentes. Lo que siguió, fueron diez o quince minutos sin desatención. Cuando sin mediar nada, me preguntaste si quería ver tus dibujos y pinturas guardados debajo del sillón-cama.
Con ayuda de tu hermana, lo abrimos, y sentándome en el suelo, comencé -con tu permiso- a sacar uno por uno, y sinceramente te elogiaba aquellos que me gustaban, mientras me relatabas de qué estaba hecho, y qué técnica usaste. Fui consciente de tu capacidad de concentrarte en lo que te gusta, de esforzarte, en tu propia historia personal.
“El león”, así bauticé a la acuarela abstracta que me sorprendió entre todas. El único abstracto en tu repertorio, que te pedí me regalaras, y lo hiciste.
Todavía sigo sorprendido.
Descubrí también -vos me contaste- que no estaban colocados tus cuadros en las paredes de la casa. Y ahí me di cuenta de tus ausencias, de tus invisibilizaciones, de tus ocultamientos.
Saquémoslo a la luz, te propuse y accediste.
Y así, con ayuda de tu hermana que compró una mecha nueva, y los tarugos y tornillos, mas un buen taladro roto-percutor que trajo tu hermano, todos fuimos parte de sacar a la luz nuevamente, tu arte en presencia.
Tu león.